Anicca, la impermanencia que transformó mi forma de vivir.
Cómo un libro y un retiro de Vipassana cambiaron mi percepción de la realidad
Hay palabras que escuchamos muchas veces, pero que tardan años en encontrar un lugar real dentro de nosotros.
Para mí, Anicca, la enseñanza budista sobre la impermanencia, fue una de ellas.
Durante mucho tiempo entendí el concepto solo con la mente: sabía que todo cambia, que nada permanece intacto, que la vida es movimiento. Sin embargo, esa comprensión racional no evitaba mi resistencia al cambio, mi necesidad de control ni mi tendencia a aferrarme a personas, sensaciones o ideas sobre quién “debería ser”.
La transformación real llegó cuando la mente y el cuerpo empezaron a hablarse.
Ese diálogo nació de dos experiencias: la lectura profunda de Each Time Is the Universe" de Dainin Katagiri, y mi primer retiro de meditación Vipassana, donde la impermanencia dejó de ser una idea para convertirse en una experiencia física.
Un libro que abrió una puerta interior
Each Time Is the Universe fue para mí un libro maestro, una puerta de entrada clara y accesible a la filosofía budista.
Una frase me atravesó con la fuerza de una revelación:
“Cada instante es el universo entero.”
No era poesía. Era una invitación directa a vivir plenamente este momento y a soltar lo que ya no es.
A través de sus palabras comprendí que Anicca no es un pensamiento, sino una forma de relacionarnos con la vida: con las emociones, los vínculos, las certezas y las dudas. La lectura dejó de ser información y se convirtió en experiencia interior.
Vipassana: cuando el cuerpo comprende lo que la mente ya sabía
Meses después, realicé un retiro de 10 días de meditación Vipassana. Entrar en silencio durante tanto tiempo fue como ingresar en un laboratorio interior.
Sin estímulos externos, cada sensación se volvía más clara. Y entonces ocurrió: Anicca se volvió corporal.
Durante la práctica observamos el cuerpo con ecuanimidad, notando cómo todo cambia: una presión que se disuelve, un calor que se enfría, un cosquilleo que aparece y desaparece. Por primera vez sentí la impermanencia no como un concepto, sino como una verdad física.
Comprendí que aferrarme a cualquier estado - placer, dolor, miedo o euforia - es luchar contra la naturaleza misma de la existencia. El cuerpo me enseñó lo que el libro había preparado en mi mente. Esa unión fue profundamente liberadora.
Cómo Anicca cambió la relación conmigo misma
Interiorizar la impermanencia transformó la forma en que me habito:
cuando surge ansiedad, sé que también cambiará
cuando aparece una emoción intensa, la dejo moverse
cuando mi mente quiere aferrarse, respiro y observo
cuando algo se va, duele, pero no me destruye
cuando algo nuevo nace, lo recibo con más apertura
Aprendí que nada está fijo, ni siquiera yo misma.
Somos procesos, no definiciones. Movimiento, no identidades cerradas.
Anicca como práctica cotidiana
Vivir la impermanencia no significa dejar de amar ni evitar el dolor cuando algo cambia. Significa vivir con más presencia y con menos miedo. Significa recordar que cada instante es una oportunidad de renacer.
Hoy, cuando la vida se mueve —y siempre lo hace—, vuelvo a Anicca a través de la meditación. Y cuando me siento perdida, regreso a la frase que lo inició todo:
“Cada instante es el universo entero.”
Fuente: Katagiri D. (2008). Each Moment is the Universe. Zen and the way of being time. Shambala Publications.